Arquitectura Celestial

Iglesias de Medellín

Los templos de Sofia Ospina de Navarro May 15, 2009

Filed under: Archivos Celestiales — Daniela Echavarria @ 4:21 pm

En el libro Colombia País de Ciudades, Medellín. Publicado en 1962, Sofía Ospina de Navarro escribió un relato titulado: Los Templos, el cual se cita a continuación.

 “Tratándose de nuestros templos, quizá sea preferible sustituir el acostumbrado relato histórico, con fechas de erección, estilo arquitectónico y tesoros de sacristía, con un sencillo comentario sobre el significado espiritual que tienen ellos para los viejos medellinenses.

Cosa bien sabida es que el de “La Candelaria”-antes La Catedral- así como el de “La Veracruz”y algunos otros, les correspondió a los primeros españoles que en tiempos de la colonia llegaron a nuestras montañas, no solamente colocar la primera piedra, sino cuantas hallaron a su alcance, ya que fueron ellas el material principal de la construcción.

Y parece que aquellos buenos cristianos no gozaban entonces de suficientes medios pecuniarios, pues no los decoraron interiormente con ricas tallas doradas, como lo hicieron en los de Santa Fe de Bogotá y otras ciudades del país, a pesar de encontrarse en la tierra de las buenas maderas y del oro.

 Los templos son la manifestación espiritual de una ciudad y guardan un tesoro valioso de inolvidables recuerdos de infancia para quienes en ella nacieron y crecieron. Cómo olvidar aquel donde la buena madre, echándonos sobre los hombros su brazo cariñoso nos preparó para la comunión, inclinándose para decirnos al oído, mientras nos golpeábamos el pecho: “Señor, yo no soy digno de que entréis en mi pobre morada”? O el que nos permitió correr sobre sus muros nacientes en los felices días de vacaciones.

 A la historia de algunos templos de Medellín está unida también la personalidad de emprendedores y virtuosos sacerdotes, que supieron darles vida material y espiritual. Por ejemplo, cada uno de esos pequeños bloques de barro cocido, llamados adobes, que forman la estructura de nuestra Basílica – objeto de admiración para los turistas- es una placa a la memoria del Canónigo Jesús María Marulanda, quien dedicó muchos años de su vida a la heroica empresa de construirla.

Teniendo que luchar en un principio con la crítica social, ya que una catedral de ladrillos, sin esmalte, no dejaba satisfechos a los numerosos amigos del cemento y las pinturas vistosas. No entendían ellos cómo, sin faltar a las reglas de la estética, aquellos severos muros de barro pudieran llegar a lucir en su interior lujosos altares y confesionarios de mármol, como los que hoy decoran el magnífico templo.

 El Padre Marulanda, hombre inteligente y práctico, no tomó el rábano por las hojas… Y con las primeras sumas de dinero donadas para el templo no empezó a construirlo, sino que se hizo dueño de chircales, que fueron un negocio productivo, y en cuyos hornos se iban cociendo, a la par que los adobes, sus optimistas ilusiones de buen antioqueño.

 Hay en Medellín otros templos, entre ellos el de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, del bello estilo gótico, con cúpulas de cobre- que se han edificado a base de periódicos leídos, cajetillas de cigarrillos, cajas de de lata, frascos y botellas… Pues con el producido de la venta voluminosa de estos desperdicios caseros, pedidos personalmente en hoteles y residencias por el Padre Eduardo Díez , unido a unas cuantas limosnas de los fieles, se levantan hoy triunfalmente. Hazaña que le ha valido al Padre Eduardo Díez para merecer lucir sobre su pecho la “Medalla de Civismo”que Medellín por medio de la “Sociedad de Mejoras Públicas”, concede anualmente al más meritorio ciudadano.

 La casa habitada por este sacerdote- quien tiene la simpática humildad de un cura de aldea francesa- no parece un hogar, sino más bien un depósito de cosas inservibles. Que quizás, puedan estorbar el paso y hasta modificar la vista a quienes la visitan, pero son un atrayente espectáculo para quien ha sabido utilizarlas como peldaños para subir al cielo.

Medellín habrá de ser, no muy tarde, la ciudad de los templos. Más de veinte parroquias han nacido bajo el mandato del ilustre prelado Monseñor Tulio Botero Salazar. Y esas pobres capillas de techos provisionales, en las que hoy se sostiene el culto con la ayuda de las típicas ventas de empanadas, que a sus puertas instalan los domingos las piadosas vecinas, algún día levantarán también sus airosas cúpulas.

Los templos de Medellín tal vez no llegarán a ser mirados jamás como ricos santuarios, pero son monumentos levantados a Dios por el amor y el sacrificio”.

 

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